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Cuando tenemos una relación difícil con nuestro cuerpo puede ser que durante el verano nos sintamos más vulnerables en nuestros miedos corporales.

Si es tu caso, esta es una época de cuidarte extra en tu vulnerabilidad. No se trata de empujarte a exponer tu cuerpo con minishorts, ni de obligarte a hacer topless, tampoco de exigirte aceptarlo de golpe y porrazo… Si no de comprenderte y respetarte en tus inseguridades. Hacer que estos meses sean lo más sostenibles para ti. Ponerte cojincitos para que este camino sea más fácil. 

En el post de hoy te traemos información para que puedas empezar a conocer lo que pasa en tu sistema nervioso cuando te sientes insegura. Queremos que esto te facilite comprenderte y tratarte desde un lugar más amoroso este verano. 

Para empezar este camino de autoconocimiento queríamos preguntarte:

¿Cómo te han marcado los veranos en la relación con tu cuerpo? ¿Han sido experiencias nutritivas o dolorosas?

Cuando el verano ha sido una época difícil en la relación con tu cuerpo, puede ser que durante esta época te sientas en alerta continua. Con tensión. Que te des cuenta de que los pensamientos recurrentes han ganado intensidad. También puede ser que te cueste más moverte con libertad, relacionarte o descansar. En caso de que hayas pasado por un TCA, puede ser que la sintomatología se te haga más presente. 

En caso de que te pase esto, no es porque estés haciendo algo mal o no te estés esforzando lo suficiente. Esta desregulación interna puede deberse a que tu sistema nervioso esté en hiper alerta porque vive el verano como una amenaza, debido a las experiencias que has podido tener en el pasado. 

¿Y esto cómo se da? A través de nuestros sentidos y emociones recogemos la información externa e interna. En base a eso que vemos, oímos, olemos o sentimos esa información llega a nuestro cerebro. Éste discrimina si esos estímulos son amenazantes o seguros en base a nuestras experiencias vividas y a través de nuestro sistema nervioso manda respuestas corporales para protegernos.

Si para ti experiencias como estar en la playa, sudar por el calor o llevar ropa de verano resultaron dolorosas… Puede que ahora tu sistema nervioso se dispare cuando intuya que esas situaciones pueden repetirse.

 A veces, únicamente con que estén presentes algunos de los elementos de la situación temida podemos disparar nuestro sistema nervioso. En el caso del verano podría ser el mismo hecho de sentir/ver/mostrar nuestro cuerpo, las altas temperaturas, que haga sol, ver una playa, hacer el cambio de armario, que esté con un determinado tipo de personas, etc. 

Es cuando nuestros sentidos detectan estas “amenazas” cuando avisan a la amígdala, un conjunto neuronal situado en el cerebro a la altura de nuestros oídos, que nos alerta de que existe un peligro. La amígdala funciona cómo una especie de alarma de incendios que previene que nuestra casa (nuestro organismo) arda en llamas. 

Así, cuando la amígdala detecta un supuesto peligro desencadena una serie de respuestas somáticas. Cambia nuestro ritmo cardiaco, se tensionan nuestros músculos, se modifica nuestra respiración y segregamos cortisol (la hormona del estrés) para prepararnos para la huída, lucha o la congelación.

Estas respuestas corporales protectoras pueden ir acompañadas de pensamientos tipo: “Te están mirando, estás haciendo el ridículo, no eres suficiente, deberías…”. Todo con la intención de ponernos alerta para evitar que nos vuelvan a dañar.

En el momento que la amígdala percibe que la intensidad del peligro no se calma, puede pedir ayuda a nuestro sistema parasimpático para que bajemos esa hiper-activación y asegurar nuestra supervivencia. Cuando esto pasa podemos tener una sensación de estar muy lejos del presente, como desconectadas. Puede que nos cueste seguir las conversaciones, sentir nuestro cuerpo, podemos sentirnos incluso mareadas o en casos de mucha tensión perder el conocimiento. 

Ahora que tienes esta información, puedes reflexionar… ¿Cómo suele reaccionar tu cuerpo cuando aparecen las inseguridades del verano? Puede que te sientas aislada, ansiosa, temblorosa,  bloqueada, desconectada, ausente, inmóvil, puede ser también que te atropellen los pensamientos recurrentes antes, durante y después de la situación temida. Puede que te sientas temorosa, decaída o enfadada.

A menudo cuando tenemos estas reacciones podemos sentirnos perdidas y el no entender qué nos está pasando puede llevarnos a culpabilizarnos o a la idea de que somos raras y hay algo mal en nosotras. El poder conocer cómo reacciona tu organismo cuando aparecen esos miedos puede ayudarte a comprenderte en lo que te pasa. A rebajar la carga de exigencia. A sentirte menos culpable.

No se trata de ser indulgente contigo misma, sí de poder tratarte desde el cariño cuando te sientas insegura. De ver que tu cuerpito sabio se ha puesto en funcionamiento para protegerte de algo que vive como peligroso. 

¿Quieres seguir en este camino de conocer tu organismo para tratarte mejor?  Te recomendamos que durante estos quince días puedas anotar esas situaciones de inseguridad y junto a ellas las respuestas aparecen en tu cuerpo en esos momentos .

Puedes anotar:

  • Cómo es tu ritmo cardiaco: rápido/lento/arrítmico
  • Cómo es tu respiración: agitada/corta/fluida/discontinua
  • Cómo es tu tono muscular: tenso/flácido
  • Cómo es tu movilidad: me muevo/estoy inmóvil
  • Cómo está tu mente: agitada/calmada/ausente
  • En qué respuesta crees que estás: lucha/huída/alerta/desconexión/necesitar al otrx
  • Qué emociones están presentes: tristeza/rabia/alegría/miedo

¡El conocerte es poder!

Texto por Aizea Villarreal terapeuta y cofundadora en Desnúdate Autoestima